“¡No temas, tu Rey ya viene!” (Jn 12:15) )

Hay una noticia que está corriendo por toda la ciudad, igual como hace cientos de años atrás. Algunos permanecen de espectadores y otros comienzan a elevar alabanzas, preparando el camino, porque ahí viene aquel tan esperado.

¿Qué Rey no avisa su llegada?, ¿qué rey vendría tan espontáneamente que no da tiempo para una buena ceremonia?

Jesús nuevamente rompe nuestros esquemas, diciendo “el tiempo se acerca, no necesitas simular nada, no tienes que aparentar nada minutos previos antes de verme” (…)

Hay asuntos externos que fácilmente se pueden adecuar a una situación tan especial como la visita de un rey. Pero cuando comenzamos a hablar de un Rey tan Extravagante como lo es Jesús, entendemos que no viene en busca de apariencias, viene en demanda de corazones que constantemente aman, purezas que transcienden cualquier circunstancia y vidas que alaban a pesar de las dificultades que viven. Ese es el escenario que necesita ver, al que desea llegar. No se trata de autoagresión, ni tampoco de falta de amor propio, sino al contrario. Entendemos que todo esto es temporal, que el gozo es nuestra mayor fortaleza en las tempestades y que nuestra ciudadanía no es de esta tierra. Por lo tanto, mientras esperamos a nuestro Rey; no alabamos presos del temor, no caminamos infundidos por las malas noticias, no nos hacemos partes de reinados que nos cautivan por miedo, sino que somos atraídos constantemente por lazos de ternura y cuerdas de amor que nos hacen clamar aún mas fuerte ¡Ven pronto!

Iglesia, permanece firme y comienza a exhibir las mismas cualidades de tu Rey, prepara el camino y comienza a alabar, porque aquel que prometió en regresar no tarda en hacer su nueva entrada triunfal. No temas, Él ya viene.

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